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Estabilidad del Sistema Financiero

¿Qué puede causar inestabilidad financiera?

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Los síntomas de la inestabilidad financiera pueden venir causados por diferentes factores:

1. Políticas macroeconómicas inestables y problemas en los sistemas de pagos

La ausencia de políticas económicas sanas y prudentes a lo largo del tiempo implica, sin duda, dificultades importantes. Bajo este concepto tan amplio han de incluirse cuestiones como:

  • la necesidad de mantener la disciplina fiscal (que los gastos del sector público guarden un equilibrio adecuado con los ingresos que éste es capaz de generar)
  • la necesidad de desarrollar políticas que logren la estabilidad de precios, pues ya hemos analizado los múltiples efectos negativos derivados de los fenómenos inflacionistas.

Los problemas también pueden venir causados por un mal funcionamiento de los sistemas de pagos. Como ya hemos visto, un sistema de pagos permite las transferencias de dinero entre todos los que formamos el sistema económico. Si este sistema fallara, los efectos derivados podrían ser muy negativos.

2. Problemas motivados por los bancos.

Hemos dicho que la inestabilidad financiera puede manifestarse, además, y de forma muy importante, debido al mal funcionamiento de los bancos. Analizaremos ahora cuáles pueden ser los factores que están detrás de ese mal funcionamiento.

Anteriormente hemos explicado cómo surgen los bancos, cuál es su papel en el sistema financiero y hemos mencionado que la CONFIANZA es el elemento básico para su correcto funcionamiento.

Volviendo al ejemplo del epígrafe “Intermediarios financieros crediticios: los bancos”, cuando alguien deposita su dinero en un banco, el dinero no permanece almacenado en una caja hasta que decide retirarlo, sino que los bancos prestan ese dinero a otras personas o empresas y a la vez asumen con el que lo ha depositado el compromiso de devolverlo cuando lo solicite. En este engranaje, los que han depositado su dinero tienen confianza en que la entidad cumplirá sus compromisos.

Piensa que si esta CONFIANZA se quebrara, el negocio dejaría de funcionar, los depositantes reclamarían su dinero a la vez y el banco se enfrentaría a problemas que podrían desembocar en graves situaciones de inestabilidad financiera.

Veamos a continuación cómo y por qué puede suceder esto.

2.1. De la pérdida de la confianza a la inestabilidad financiera

La pérdida de confianza en un banco ante la ocurrencia de determinados acontecimientos puede provocar que sus clientes que tienen depositado su dinero en él puedan querer retirarlo de forma simultánea.

En condiciones normales, los bancos son capaces de devolver el dinero a los depositantes sin ningún problema. Las dificultades surgen cuando los fondos empiezan a retirarse a una velocidad más rápida de la normal. El banco, que habitualmente presta el dinero a plazos más largos, podría no tener disponibles los fondos que los depositantes le exigen cuando éstos lo hacen.

Imagina, por ejemplo, que todos los clientes de una entidad quisieran ir el mismo día a retirar el dinero que tienen en ella: el banco se vería obligado a recuperar, entre otras cosas, todo lo que ha prestado. Sin embargo, eso no es posible: si ha prestado el dinero a una familia para que se compre, por ejemplo, una casa, y la familia se ha comprometido a devolver el préstamo a lo largo de veinte años, el banco no puede pedir de hoy para mañana que le entregue el dinero.

Ello implica que el banco se ve obligado a vender (liquidar) sus activos, entre otros los préstamos concedidos, de forma precipitada por lo que, muy probablemente, obtendría un importe sustancialmente inferior a su valor: los potenciales compradores desconfiarían de la calidad de unos activos que el banco desea vender inmediatamente y pagarían un precio inferior al demandado.

Sería una situación análoga a cuando alguien pretende vender muy rápidamente su coche de segunda mano o su vivienda.

Como resultado de lo anterior, en los casos más extremos, el banco puede llegar a quebrar.

Pero si los depositantes saben que el banco tendrá dificultades cuando todos pidan a la vez que les sea devuelto su dinero, ¿por qué no llegan entonces a un acuerdo para evitar la situación?. La razón es sencilla: es difícil llegar a acuerdos entre tanta gente.

De hecho, se tiende a pensar que los demás no cumplirán con su parte del trato y que acudirán a retirar su dinero. Para evitar esto, todos querrán ser los primeros en hacerlo (todo el mundo piensa “tonto el último”), procurando así recuperar sus depósitos, pero precisamente ello impide que finalmente puedan hacerlo.

Estos problemas, que pueden suceder para un banco concreto, es fácil que se trasladen al conjunto del sistema, propagándose los problemas de forma muy rápida. Es lo que se conoce como contagio o RIESGO SISTÉMICO, es decir, riesgo de que colapse el conjunto del sistema bancario al encadenarse un conjunto de quiebras de bancos.

Hay dos razones fundamentales para el contagio:

  1. La primera tiene que ver con que, cuando perdemos la confianza en una entidad, es fácil pensar que los problemas no se ciñen sólo a ella. Así, en un intento de anticipar esta circunstancia, aquellos que tienen dinero en bancos sanos también podrían querer recuperarlo masivamente de forma inmediata, poniendo en dificultades a ese banco que en principio no tenía problemas. En casos de este tipo, la pérdida de la confianza no obedece a factores objetivos, sino a otros de carácter subjetivo, en muchas ocasiones resultado de un rumor infundado. El efecto que tiene el rumor en la gente (correr al banco a retirar el dinero) puede acabar precipitando la quiebra incluso de bancos solventes (por la liquidación precipitada de activos). Esta elevada sensibilidad a la información sobre su solvencia convierte a los bancos en un sector especial que requiere una vigilancia y una regulación especial.

  2. La segunda razón tiene que ver con que los bancos tienen muchas relaciones entre sí, por ejemplo, se prestan dinero entre ellos. Pensemos que hay dos bancos, el A y el B, y que el “banco B” presta mucho dinero al “banco A”. Si este último se enfrenta a los problemas que hemos descrito antes, quizá no pueda devolver el préstamo que le hizo el “banco B”. Si ese préstamo es muy importante para el “banco B” podría sufrir problemas.

    En resumen, por lo que respecta a cómo se producen los problemas una vez que la gente pierde la confianza en un banco hay que recordar dos cosas importantes: los bancos sufren cuando todos quieren retirar su dinero al mismo tiempo, en un intento de huir; y segunda, los problemas de un banco se pueden contagiar, como si de la gripe se tratara, a otros bancos en principio sanos.

2.2. ¿Por qué se puede perder la confianza en los bancos?

Hemos dicho que los bancos prestan el dinero que se deposita en ellos. Estos préstamos son una gran parte de sus activos. La confianza en que el banco sea capaz de devolver a los depositantes su dinero se quiebra cuando perciben que la calidad de sus activos -por ejemplo de los préstamos que ha concedido- empeora. En otras palabras, cuando el banco ha prestado a quien no debía, es decir, a individuos insolventes que no atienden a la devolución de sus préstamos. Los errores, como en otros muchos ámbitos, forman parte del negocio y los propios bancos toman las medidas necesarias para que ello no suponga ningún problema. Sin embargo, en ciertas ocasiones los errores son más frecuentes o van más allá de lo que se podría considerar normal.

La siguiente pregunta a plantearse es, por lo tanto:

¿Por qué un banco presta más allá de lo razonable a quien no debe? ¿Qué hace que un banco se equivoque con más frecuencia de la que se podría considerar normal?

A continuación se presentan algunas razones para ello, o en otras palabras, por las que la confianza comienza a deteriorarse.

La primera de esas razones tiene que ver con lo que en ocasiones se denomina MIOPÍA. Los bancos prestan dinero a familias y a empresas, que estas le devuelven a lo largo de los años. Por ello, una parte esencial de su trabajo consiste en valorar si en el futuro esas familias y empresas podrán cumplir con sus obligaciones. Esta tarea es difícil y el banco debe tener en cuenta que existen riesgos. No obstante, gracias a la experiencia acumulada y a otras técnicas, el banco es capaz, en general, de manejar bien esos riesgos. Sin embargo, todos sabemos que el futuro es incierto y que a veces pueden suceder acontecimientos muy negativos, si bien con poca frecuencia. El problema surge porque esos acontecimientos, al ocurrir sólo de vez en cuando, son difíciles de prever. Los bancos lo saben, pero en ocasiones no toman todas las medidas necesarias para estar preparados ante esos acontecimientos tan adversos. Esto es lo que se conoce como un comportamiento miope.

La segunda razón tiene que ver con COMPORTAMIENTOS DE IMITACIÓN (gregarios o de rebaño), cuando todo el mundo se comporta de la misma forma aunque crean que quizá se están equivocando. Esto se observa, por ejemplo, en aquellos momentos en los que todo parece funcionar bien y hay mucho optimismo: hay un exceso de confianza. Los bancos prudentes se pueden ver arrastrados por aquellos más osados porque, a pesar de que aquellos vislumbran un peligro en el medio plazo, a corto plazo todavía no hay problemas y, además, es más cómodo o más fácil de justificar equivocarse cuando lo ha hecho la mayoría que arriesgarse a hacerlo solo (si la crisis no llega, a los bancos prudentes cada vez les cuesta más justificar su cautela).

La tercera razón está relacionada con las dos anteriores, en particular con el FACTOR HUMANO, es decir, con el hecho de que las decisiones las toman personas concretas. Esas personas, como es lógico, reciben un sueldo por el trabajo que realizan y si ese sueldo está muy ligado, por ejemplo, al número de préstamos que conceden, o la obtención de determinadas ganancias para el banco en el corto plazo, esa persona puede estar dispuesta a asumir más riesgos. Es decir, no le importará tanto que una empresa deje de pagar dentro de cinco años, sino el hecho de haberle concedido un préstamo hoy, ya que por esto cobraría más. Los bancos, como cualquier otra empresa, están formados por personas y conviene no olvidarse nunca del factor humano, que puede llevar a algunos individuos incluso a intentar apropiarse de lo que no es suyo.