EL PAPEL DE LOS REGULADORES Y SUPERVISORES BANCARIOS
Debido a la naturaleza de sus operaciones, la banca es uno de los sectores clave de la economía de un país, pues gran parte del ahorro, la inversión y la financiación se canaliza a través de ella. Por este motivo, los bancos están sujetos a una vigilancia especial que es lo que se conoce como regulación y supervisión bancaria.
La regulación pública pretende preservar el buen funcionamiento de las entidades financieras, fortalecer su capacidad de resistencia ante la ocurrencia de acontecimientos adversos y armonizar los intereses de las partes directamente afectadas -bancos, ahorradores e inversores- con los intereses generales. En las últimas décadas, los reguladores hemos ido aprendiendo de la experiencia y hemos desarrollado lo que se llama regulación prudencial, es decir, aplicar una serie de medidas para prevenir los problemas y, en última instancia, para estar preparados en el supuesto de que se materialicen. En España, el desarrollo de la regulación prudencial es responsabilidad del Ministerio de Economía y del Banco de España.
Por su parte, la supervisión está diseñada con el objetivo de verificar el cumplimiento de las normas específicas bancarias, y en particular de las normas contables que deberán aplicar los bancos, de las relacionadas con su situación financiera y solvencia, de las de protección de la pequeña clientela y las de transparencia informativa hacia los mercados. Esta función recae en el Banco de España en colaboración con las demás autoridades supervisoras nacionales, tales como la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones o el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias.