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Medios, instrumentos y canales de Pago

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1. Medios de pago

Una de las funciones que debe cumplir un bien para ser considerado dinero es ser medio de pago, es decir, que sea universalmente aceptado por todos los individuos que formen parte de la zona monetaria, facilitando así los intercambios (véase apartado "La definición del dinero"). En este sentido, los medios de pago de una economía son todos los activos que se consideran dinero. Como se ha mencionado anteriormente, el dinero no son solo billetes y monedas en circulación, sino que en su definición se incluyen otros activos que cumplen también dicha función.

En este sentido, resulta interesante seguir ahondado un poco más en la historia del dinero para entender las características actuales de los medios de pago y las condiciones necesarias para su correcto funcionamiento. El dinero fiduciario en su origen no era como el que conocemos hoy en día. Las primeras monedas que se conocen -se acuñaron en Lidia, la actual Turquía en el siglo VII a.C.- eran de una aleación natural de oro y plata, ya que para todos los pueblos el oro era el metal más valioso seguido de la plata, patrón que se trasladó a la fabricación del dinero. Por tanto, estas monedas tenían valor por sí mismas, es decir, tenían un valor intrínseco.

Generalmente, la moneda metálica de esa época eran piezas de metal normalizadas garantizadas por un peso y calidad determinadas, garantía que era dada por la persona que acuñaba la pieza.

Pero este sistema tenía también inconvenientes importantes, entre los cuales pueden mencionarse su peso, el riesgo de robo (al ser complicado ocultar un volumen significativo de monedas) así como la escasez de metales para lograr satisfacer la demanda de monedas. De ahí que el siguiente paso en la evolución del dinero fiduciario fuera la creación de billetes o papel de banco, mucho más manejables y discretos.

El billete de banco apareció en Occidente en 1656, a través de un banquero de Ámsterdam y los primeros billetes oficiales se emitieron en 1694, por el Banco de Inglaterra.

Estos billetes añadían el compromiso del banco emisor de convertir el valor especificado en metal en cualquier momento que el tenedor lo desease. Por tanto, eran un certificado de propiedad sobre un depósito de dinero metálico en el banco siendo, además, susceptibles de ser transferidos.

Con el paso del tiempo, los bancos se permitieron emitir billetes por un valor que superaba con creces el contenido metálico de sus depósitos, lo cual no ocasionaba ningún problema, siempre y cuando se guardara una proporción prudente entre el metal y el papel. Con posterioridad, se centralizó esta emisión de dinero en un único banco: el Banco Central. Dicha centralización permitía la uniformidad de los billetes y el control, por parte de la autoridad monetaria, de la emisión monetaria del país.

El patrón oro fue un sistema monetario bajo el cual cada país establecía una relación de cambio firme entre la propia moneda y el oro y garantizaba la total convertibilidad de su moneda. A través de la relación entre las monedas nacionales y el oro fue fijado el tipo de cambio entre las monedas. Definir una divisa de forma fija marcando exactamente su valor en oro implicaba que, aunque en unos países se hablase de dólares, en otros de libras, etc. en realidad, todos ellos estaban utilizando el oro como moneda de cambio. De este modo, tener un dólar equivalía en realidad a tener un veinteavo de onza de oro, y tener una libra esterlina equivalía a tener un cuarto de onza de oro.

En la actualidad, el papel moneda está completamente desvinculado del oro y ya no es el único instrumento monetario utilizado. A él se ha añadido el denominado dinero bancario. De hecho, una parte importante del dinero en circulación consiste en depósitos bancarios –cuentas corrientes, de ahorro o a plazo- que no son otra cosa que el papel moneda que un individuo deposita en un banco comercial y que se convierte en unidades monetarias inscritas en una cuenta personal. La representación del dinero por medio de depósitos bancarios constituye hoy la base de los sistemas de pago y soporta un porcentaje cada vez mayor de las transacciones de la economía actual.

Piensa en la enorme cantidad de transacciones económicas que se llevan a cabo en un día en España (pago de recibos, compras de bienes, pagos entre empresas…), que suponen millones de pagos al cabo del día.
¡Imagina si todos se tuvieran que hacer con el uso directo de los billetes y monedas!

Así, los bancos comerciales han ido creando diversos instrumentos –los cheques son un ejemplo- para agilizar dichos pagos y hacerlos cada vez con mayor rapidez y seguridad.

Para garantizar la solidez de los depósitos como medio de pago es fundamental velar no solo por la solvencia de las entidades de depósito o bancos comerciales, sino también por la seguridad y eficiencia de los sistemas de pago por los que dichas transacciones se canalizan. En este contexto, es fundamental la confianza de todo el conjunto de individuos e instituciones en estos sistemas, pues esta es la base que permite el correcto funcionamiento de los depósitos como medio de pago.

Una ilustración de la importancia de la confianza en los medios de pago la podemos ver analizando el comercio electrónico, tan extendido hoy en día en España. La necesidad de generar confianza es especialmente importante debido al hecho de que Internet es una red abierta y a la sensación de inseguridad que este hecho genera en los usuarios. La reticencia de los usuarios a, por ejemplo, enviar los datos de su tarjeta de crédito a través de Internet para efectuar un pago se menciona frecuentemente como una de las barreras iniciales para el crecimiento del comercio electrónico.

2. Instrumentos y canales de pago

De los medios de pago apuntados en el apartado anterior, mientras que los billetes son en sí mismos el instrumento de pago (con pleno poder liberatorio), en el caso de los depósitos es preciso contar con otros instrumentos de pago para que los fondos depositados por los individuos en los bancos comerciales puedan ser movilizados.

Así, los instrumentos de pago son los dispositivos (como las tarjetas electrónicas), o los documentos (como los talones, cheques o las letras de cambio) que permiten pagar, sin necesidad de utilizar el dinero físico. Gracias a ellos se evita el uso masivo de billetes y monedas y se posibilita una mayor eficiencia en las operaciones de pago.

En este contexto podemos definir los canales de pago como el conjunto de medios, procedimientos o relaciones mediante los cuales se realiza un pago. Así, uno de los cambios importantes que se ha producido, ha sido en los mencionados canales de pago. De hecho, a medida que la tecnología ha evolucionado se han desarrollado canales alternativos a la presencia física de ambas partes de una transacción. Cada vez que hacemos una compra por Internet o nos descargamos un tono en el móvil estamos ordenando un pago utilizando un canal diferente. Esto, que parece tan sencillo y rápido, tiene una complicada estructura subyacente que se ha desarrollado al mismo ritmo que lo ha hecho el comercio.

EJEMPLO: Si ordenamos una transferencia por Internet o bien la ordenamos desde nuestra sucursal bancaria, estamos utilizando un mismo instrumento, la transferencia, pero dos canales diferentes. En cambio, si damos el número de tarjeta o bien damos nuestro número de cuenta en una página Web para hacer un pago mediante un adeudo en nuestra cuenta corriente, estamos utilizando dos instrumentos diferentes pero un mismo canal.