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Estabilidad del Sistema de Pagos

Los sistemas de pagos y la estabilidad

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1. ¿Qué riesgos existen?

Los posibles riesgos a los que están expuestos los sistemas de pago pueden ser de naturaleza operativa, legal, financiera o sistémica.

a) Riesgo operativo

Los sistemas de pago se sustentan en un conjunto de reglas y acuerdos que normalmente se implementan sobre una estructura informática. Como en cualquier tipo de sistema, a veces se producen interrupciones o fallos que, si se prolongan más de un cierto tiempo, pueden dar lugar a problemas graves. Así pues, un primer riesgo inherente a los sistemas de pago es el “riesgo operativo”, que consiste en que un error humano, un fallo del hardware, del software o un ataque malicioso pueden causar la caída o el mal funcionamiento del sistema, pudiendo implicar pérdidas para los participantes.

b) Riesgo legal

El riesgo legal consiste en la existencia de lagunas legales que puedan afectar a la seguridad jurídica de las transacciones. Así, cuando los acuerdos y las normas en las que se basa el sistema no reposan sobre una sólida base legal pueden producirse malas interpretaciones o incertidumbres que pueden ocasionar pérdidas económicas y la pérdida de confianza en el sistema.

c) Riesgos financieros

El riesgo financiero puede ser de liquidez o de crédito. El riesgo de liquidez es el derivado de que uno o varios participantes no puedan hacer frente a sus pagos en el momento en que deban ser liquidados, pero sí en una fecha posterior. El riesgo de crédito es aquel en el que dicha obligación tampoco puede cumplirse en una fecha futura.

Si llegado el momento de la liquidación un participante en un sistema de pagos incumple sus obligaciones, bien porque no tiene fondos suficientes en ese momento (riesgo de liquidez), bien porque no tiene activos con que hacer frente (riesgo de crédito) se estaría materializando el llamado riesgo de liquidación o financiero.

d) Riesgo sistémico

El riesgo sistémico se materializa cuando, sea cual fuere el origen del fallo que afecte a un sistema, el incumplimiento de las obligaciones por parte de una entidad participante en un sistema de pagos provoca que otras, a su vez, no puedan cumplir con las suyas, generando una cadena de fallos que puede terminar colapsando la liquidación de las transacciones. Asimismo, este hecho puede verse agravado como resultado del alto grado de interrelación que existe entre los distintos sistemas de pago de diversos países, que hace que cualquier incidente pueda extenderse con rapidez.

El diseño y las reglas de funcionamiento de los sistemas de pago deben contribuir a mitigar los riesgos inherentes a estos sistemas de pago y, con ello, el riesgo sistémico, pero no pueden eliminar el riesgo de insolvencia de los participantes.

2. ¿Cómo pueden los sistemas de pago afectar a la estabilidad financiera?

Una situación de estabilidad financiera podría definirse como aquella en que el sistema monetario y financiero opera de forma fluida y eficiente. En una economía desarrollada, esto supone que, sin que haya sobresaltos, el banco central transmite los efectos de su política monetaria y las entidades de crédito distribuyen los fondos que reciben de los ahorradores entre los demandantes de recursos y atienden con normalidad los servicios bancarios que proveen a su clientela.

La estabilidad financiera es un bien público que requiere un continuado cuidado y atención, puesto que puede verse afectada por múltiples causas de distinta índole, como la existencia de dificultades de las entidades financieras, el colapso de los mercados financieros, la pérdida de confianza por parte del público, o la aparición de otras perturbaciones -interiores o exteriores-, no solo económicas, sino también sociales o políticas.

Por su parte, un sistema de pagos puede ser un factor altamente desestabilizador si, por un diseño inadecuado, no dispone de los mecanismos oportunos para controlar los riesgos legales, operativos y técnicos inherentes al mismo. De hecho, un fallo en el sistema, producido por cualquiera de los riesgos anteriores, puede propagarse perjudicando a otros participantes o incluso a todos ellos. Estos, a su vez, podrían no disponer en ese momento de los fondos en los que confiaban, lo que podría llevarles a no poder hacer frente a sus obligaciones. Se provoca así una especie de epidemia, un efecto dominó, que se propaga a través del sistema pudiendo afectar incluso a otros mercados y sistemas y, por tanto, a la economía real en su conjunto. En este contexto, la estabilidad financiera depende, en buena medida, de la capacidad y eficacia de los sistemas de pago para controlar el riesgo sistémico que podría afectar a las entidades de crédito.

Además, en los sistemas donde los importes que se procesan son pequeños pero el número de operaciones es muy elevado y donde se procesan pagos realizados con instrumentos que no pueden tratarse por ningún otro sistema, el fallo del sistema de pago puede desencadenar una crisis generalizada en la economía.

Imagina que a fin de mes dejara de funcionar el sistema de pequeños pagos y que no llegara ningún salario a los trabajadores. Esta situación podría causar un pánico generalizado que afectaría a todo el país. Los ciudadanos perderían la confianza en el sistema bancario y posiblemente muchos de ellos preferirían cobrar en efectivo de su empleador.

En este contexto, los sistemas de pago deben implantar medidas de contingencia y sistemas de respaldo, que eviten posibles interrupciones en el procesamiento de los pagos, y ofrecer un nivel de servicio técnico que garantice que las órdenes de pago recibidas puedan liquidarse en la fecha prevista. Si no se efectúan los pagos en las condiciones acordadas y las operaciones no pueden llegar a buen término, las entidades participantes y los individuos integrantes de la economía podrían sumergirse en un verdadero caos económico y financiero, que podría generalizarse. Si los sistemas de pago son inconsistentes, débiles o poco seguros, las entidades terminarán enfrentándose a problemas de liquidación, que podrían llegar a comprometer la estabilidad financiera general.

3. ¿Cómo pueden los sistemas de pago afectar a la estabilidad de precios?

Por último señalar que unos sistemas de pago seguros y eficientes resultan fundamentales para la eficacia de la política monetaria, pues a través de ellos los bancos centrales ejecutan las operaciones de intervención monetaria y transmiten los ajustes de liquidez a los mercados monetarios. Obviamente, en este contexto, son una infraestructura clave en la instrumentación de la política monetaria cuyo desarrollo precisa que las operaciones se procesen y liquiden eficientemente. En este sentido, contribuyen a la consecución de su objetivo de la estabilidad de precios.

La solidez del sistema de pagos donde se liquida la política monetaria es fundamental, especialmente si consideramos los elevados montantes de dichas operaciones, que en muchos casos superan un importe individual de 1.000 millones de €.

Por ejemplo, veamos la importancia de los sistemas de pago en el proceso de instrumentación de la política monetaria en la zona de euro: vamos a considerar las denominadas “Operaciones principales de financiación” puesto que constituyen la principal fuente de financiación del sistema financiero (introducen aproximadamente el 70% de la liquidez del sistema) y sirven para fijar los tipos de interés oficiales. Estas operaciones de inyección de liquidez se llevan a cabo mediante subastas semanales donde el BCE interactúa con los BCNs y estos, a su vez, con las entidades financieras de su país. Así, una vez que el BCE resuelve la subasta, los BCNs comunican las adjudicaciones individuales a las entidades y se efectúan las transacciones en TARGET2, que es la pieza fundamental a través de la cual se canalizan dichas operaciones.

(BCNs) Banco Central Nacional.