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Aula Virtual del Banco de España

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LAS SUCURSALES

Las primeras sucursales del Banco de España ofrecen una imagen poco representativa de la institución pues no se construyen sedes de nueva planta. Entre 1856 y 1876, el Banco de España se limita a alquilar o, en contadas ocasiones, a adquirir edificios particulares, generalmente casas de la alta burguesía o de la nobleza, hasta la anexión a partir de 1874 de los bancos emisores locales.

Pero el dinamismo de las recién estrenadas sucursales y su vinculación local impulsan la actividad arquitectónica del Banco en provincias, anticipándose incluso a su Sede Central en Madrid. Así, en el último cuarto del siglo XIX, el Banco comienza a proyectar sus primeras sucursales, caracterizadas por una búsqueda de coherencia entre los espacios internos y su funcionalidad; ya integradas en los planes urbanísticos de las plazas donde se construyen, ya buscando modelos en sus fachadas que reflejasen la contribución del Banco de España al desarrollo e industrialización locales.

En el primer decenio del siglo XX, el Banco de España concentra sus esfuerzos en la renovación de sus sedes provinciales, movido por su afán de modernización frente a la banca privada. En esta época se encargan los nuevos edificios a arquitectos municipales y provinciales que reflejan en sus proyectos el sabor de la arquitectura local, transmitiendo una imagen menos centralista.

Sin embargo, el esquema arquitectónico característico de las sucursales no se consolida hasta los años 20, sobre todo a partir de la Ley de Ordenación Bancaria de 1921. En estos años, y hasta mitad del siglo XX, se impone el modelo creado por uno de los arquitectos del Banco, José Yarnoz, que introduce nuevos conceptos, repetidos en numerosos proyectos de sucursales: un modelo de fachadas unificado que representa la oficialidad del Banco, plantas de oficinas diáfanas y cada vez más funcionales y la configuración de las cajas y las viviendas destinadas a los empleados. No se olvida tampoco el carácter solemne y monumental, especialmente en los patios de operaciones, que incorporan vidrieras y mármoles coloreados para proporcionar mayor suntuosidad.

Si los inmuebles de la primera mitad del siglo XX habían seguido un modelo preestablecido, aunque no exento de particularidades, los años 80 se caracterizan por la renovación de la imagen del Banco a través de sus edificios de nueva planta. Así, se encargan nuevas sucursales a los arquitectos más vanguardistas (Moneo, Clotet Ballús, Paricio Ansuátegui, Corrales, Vázquez Molezún) que, en general, fundamentan sus proyectos en la idea del Banco como contenedor de dinero, basándose en los principios de cerramiento, solidez y seguridad. Se abre paso a formas innovadoras y originales en las sedes más modernas, pero siempre respetando su función representativa y monumental.

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